Entrevista Joan-Lluís Zamora, Dr. Arquitecto

A lo largo de la historia de la arquitectura las envolventes de los edificios han ido variando y adaptándose a las necesidades de sus habitantes y a las posibilidades que la evolución tecnológica han permitido dotar a los materiales implicados. En la siguiente entrevista, Joan-Lluís Zamora, Dr. Arquitecto, coordinador del grupo de investigación UTA de la UPC en la ETSAV y director del Comité Técnico de la revista AFL, nos da su opinión acerca del papel de la fachada en la arquitectura actual.

¿Cuál es el papel que hoy interpretan en el mundo de la arquitectura fachadas, ventanas y elementos de protección solar?

La arquitectura actual se va a enfrentar las próximas décadas a problemas extensos y de índole cuantitativa. Nuestro medio ambiente está sufriendo cambios ya perceptibles que afectan notablemente a la atmósfera y que se manifiestan tanto a escala invisible (más ruido, más viento y más cantidad de contaminantes en el aire) como visible (más asoleamiento, más intensidad de precipitaciones, etc.). Disponemos de la mayor parte de las soluciones para hacer frente a este cambio pero no tengo la certeza que ya estén disponibles en cualquier lugar y para cualquier bolsillo. Las fachadas y todos sus componentes deberán ser elementos mucho más activos y asequibles en la preservación tanto del espacio interior como del microclima urbano.

El ahorro energético y la sostenibilidad se alzan como grandes estímulos de la edificación y la envolvente tiene un papel determinante en ello. Desde el punto de vista de la arquitectura, ¿qué medidas y estrategias deben tenerse en cuenta para diseñar envolventes que contribuyan a mitigar el gasto energético de los edificios?

No soy físico ni ingeniero por lo que no me siento capaz para evaluar la energía que tendremos disponible las próximas décadas para mantener en adecuadas condiciones de habitabilidad nuestro patrimonio edificado. Sí soy consciente que el esfuerzo que deberá sufragar por ello el usuario será cada vez mayor porque va adquiriendo complejidad el sistema actual de disponibilidad energética. Será muy costoso disponer de energía ilimitada en cualquier lugar y a cualquier hora. Captar, almacenar, distribuir, administrar y asegurar la energía serán actividades complejas y costosas que orientarán las decisiones arquitectónicas a tomar en cada momento y en cada caso. ¿Qué estimulo significará ello para las envolventes? Probablemente estamos aún en el primer estadio de abordar el problema, donde cada fachada solo busca maximizar la captación y evitar las pérdidas pero aún no está acorde con la fisiología y horario del uso de su propio edificio.

¿Cómo influye el marco normativo y regulador en el diseño y construcción de edificios? ¿De qué instrumentos dispone para cumplir con ello?

Personalmente no soy muy amigo de los marcos normativos desde el punto de vista intelectual porque fomentan fuertemente el café para todos y eximen de responsabilidades, lo cual debilita a medio plazo la reflexión y la innovación. Preferiría marcos que premiaran la excelencia, que generaran estado de opinión y que expandieran las buenas prácticas. Nuestro sistema normativo es una evidencia casi palpable de lo impecable de su letra en comparación con la realidad construida que este marco ha propiciado al no existir ni un sistema estable de incentivos ni una eficiente inspección.

En 2020 todos los edificios de nueva construcción deberán ser de consumo casi nulo y ya en 2019 los de uso público. ¿Estamos preparados como sector para este reto, tanto los técnicos como los profesionales de la edificación?

Evidentemente poner fechas a un objetivo es importante, pero requiere al mismo tiempo ser capaz de alcanzarlo gracias a la formación incorporada, la experiencia adquirida y los recursos disponibles para ello. Los profesionales somos conscientes que tenemos carencias en formación para este objetivo porque el propio conocimiento necesario se está generando simultáneamente en este momento. La experiencia a mi parecer es aún poca, poco difundida y menos contrastada por un seguimiento público y estable en el tiempo. Los recursos para alcanzar este consumo casi nulo son pocos porque son principalmente los ahorros futuros previstos. El parque inmobiliario en funcionamiento no creo que disponga en este momento de una acumulación de beneficios para orientarlos en esa dirección. Mi impresión es que será crucial en los próximos años disponer de un nuevo perfil de técnico, el explotador de edificios, con una competencia profesional amplia para ser capaz de ostentar simultáneamente un liderazgo técnico y financiero demostrable en una cuenta de explotación creíble y verificable. Veo a las grandes corporaciones cerca de esta situación pero no a las miles de comunidades de propietarios que ostentan en la actualidad la titularidad del gran parque residencial.

¿Con qué opciones cuenta la arquitectura para ofrecer soluciones que den respuesta a las necesidades de los ECCN? ¿Todas ellas son válidas para las climatologías que tenemos en la Península?

La arquitectura histórica ofrecía unos recursos contundentes y durables pero cuantitativamente insuficientes y poco flexibles ante los rápidos cambios climáticos. La creciente disponibilidad universal de energía comercial a lo largo del SXX ha desmaterializado la arquitectura y nuestros hábitos de vida; en consonancia, se han vuelto más líquidos (viajamos más, desperdiciamos más, vivimos más de noche y somos más impacientes frente a las adversidades y contingencias). Los ciudadanos tienen actualmente las mismas expectativas de confort sea cual fuere su climatología y para ello parece que solo disponemos de dos interfases útiles: la ropa y el edificio. La ropa es personal pero el edifico es compartido con otros, con lo que no resulta fácil proporcionar, en condiciones de ECCN, un confort para todos a cualquier hora, en cualquier planta y fachada del edificio.

¿Cómo se establece la relación entre arquitectura e industria, quién lleva la alternativa o es una relación bidireccional en ambos sentidos?

La actual relación entre la arquitectura y la industria se basa en la prescripción. Pero la prescripción se ciñe a los productos de catálogo, contrastados y en situación de disponibilidad (materia prima, utillaje, logística y montaje solventes). Para alcanzar las condiciones de ECCN se debe renovar todo el catálogo y ello exige tiempo y una demanda sostenida que lo haga posible. Un ingrediente que yo considero imprescindible es que algunos jóvenes prescriptores se incorporen a los equipos de diseño de producto industrial para acelerar que los productos en oferta se acomoden mejor a la nueva demanda. Un posible ejemplo sería el de la puerta interior, casi siempre abierta en muchos edificios, y responsable principal del movimiento espontáneo del aire en un edificio lo que acarrea un tránsito de calor y humedad poco controlado. ¿Debemos plantear pues una puerta futura con capacidad de autonomía para la gestión del movimiento del aire en edificios con grandes desequilibrios de ocupación?

¿Qué aporta muestras como ePower&Building y Veteco, como marco de exposición y divulgación, al profesional de la arquitectura?

El panorama de los profesionales cambió de forma contundente con la aparición de las revistas profesionales y casi simultáneamente también con la puesta en marcha de los salones o muestras de novedades. La presencialidad del producto es básica dentro del proceso de evidencia y contraste que exige un profesional antes de prescribir. Sin embargo también es cierto que todos hemos sufrido la decepción de algún producto novedoso que apreciamos en una feria como novedad descontextualizada y sin el aval de una adecuada postventa. Los certámenes deben evolucionar hacia una exhibición de credibilidad y de coordinación con el resto de productos del edifico.